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¿Quién debe contratar el TRC: promotor, constructor o subcontratista?

El Seguro de Todo Riesgo de Construcción (TRC) es una garantía esencial para proteger las inversiones y el progreso de una obra. Su contratación define quién asume el riesgo económico ante daños, pérdidas o paralizaciones. En proyectos con promotores, constructores y subcontratistas intervienen diferentes roles y responsabilidades, y la decisión sobre quién debe contratarlo puede variar según el contrato y la legislación aplicable.

Fundamentos del TRC en proyectos de construcción

El TRC está diseñado para cubrir daños materiales a la obra, a las instalaciones y a la maquinaria durante la ejecución, así como para gestionar ciertos riesgos asociados a la interrupción de la obra. A grandes rasgos, suele incluir:

  • Daños materiales en la obra en curso, incluidos esmaltados y acabados, estructuras, cimentaciones, cubiertas y elementos de obra civil.
  • Riesgos derivados de incendios, explosiones, robo y actos vandálicos que afecten al conjunto de la obra o a sus materiales.
  • Gastos de salvamento, neutralización de daños y demoras necesarios para reanudar la construcción.
  • Daños a equipo y maquinaria utilizada en la obra cuando estén cubiertos por el contrato.
  • Riesgos de responsabilidad civil que puedan derivarse de la ejecución de la obra en relación con terceros, en la medida en que el contrato lo permita y la póliza lo cubra.

Es clave entender que el TRC no es universalmente igual en todas las jurisdicciones. Las coberturas, exclusiones y límites pueden variar según el asegurador, el tipo de contrato y la normativa local. Por ello, la forma de contractar el TRC y las decisiones sobre quién debe contratarlo dependen de las circunstancias del proyecto y de las cláusulas contractuales vigentes.

Roles y responsabilidades en un proyecto de construcción

Para decidir quién debe contratar el TRC, es útil comprender qué implica cada figura en un proyecto típico de construcción:

Promotor

  • Propietario o promotor de la obra: aporta el impulso económico y, a menudo, la visión del resultado final. En muchas ocasiones exige la contratación de un TRC para proteger la inversión global y asegurar la continuidad del proyecto ante imprevistos.
  • Con frecuencia busca que el TRC cubra la totalidad de la obra y que las coberturas se mantengan vigentes desde el inicio de la obra hasta su puesta en operación o entrega.
  • Ventajas: mayor control sobre la cobertura, posibilidad de exigir condiciones uniformes y, en caso de reclamaciones, claridad sobre el remedio y la compensación para el promotor.
  • Desafíos: el promotor asume un rol directo en la contratación y en la gestión de primas, lo que puede implicar una mayor complejidad administrativa.

Constructor

  • Empresa constructora o contratista general: es quien ejecuta la obra y, por su capacidad operativa, suele gestionar la contratación de TRC para la obra que dirige.
  • Ventajas: simplifica la gestión de la póliza al trabajar con una sola póliza que cubre la ejecución global; facilita la coordinación entre las diferentes unidades de obra y subcontratistas.
  • Desafíos: el costo de la póliza suele repercutirse en el precio de la obra y, si hay cambios en el alcance, hay que renegociar las condiciones o las coberturas.

Subcontratista

  • Empresas subcontratistas: pueden realizar tareas críticas o especializadas. En algunos contratos, la aseguradora exige que las obras relevantes o elementos concretos cuenten con su propia cobertura TRC, especialmente si la actividad de la subcontratista podría generar riesgos significativos para la obra en su conjunto.
  • Ventajas: al exigir un TRC propio, se reparte el riesgo de forma más específica y se protege la parte de obra que ejecuta cada subcontratista.
  • Desafíos: gestionar múltiples pólizas puede aumentar la carga administrativa y requerir coordinación estrecha entre aseguradoras y contratistas.

Escenarios típicos y decisiones sobre la contratación del TRC

Dependiendo del tipo de contrato y de la estructura de riesgo, existen escenarios habituales que influyen en la decisión de quién debe contratar el TRC. A continuación se presentan los más comunes y sus implicaciones.

Proyecto promovido por un promotor, con contratista general único

  • En este escenario, es habitual que la política TRC sea contratada por la empresa contratista general, y que el asegurado sea la propia obra o el promotor, según lo acordado en el contrato.
  • Ventajas: coherencia en coberturas, mayor facilidad para gestionar sinergias entre diferentes partidas y menor fragmentación de las coberturas.
  • Desafíos: si el promotor quiere un control más directo sobre la cobertura, podría exigir que la póliza esté a nombre del promotor o que se incluyan endorsement relevantes para el interés del propietario.

Proyecto con múltiples subcontratistas y fases de ejecución

  • En obras complejas, con varias fases y múltiples subcontratistas, puede ser recomendable que exista una política TRC centralizada a favor del promotor o del contratista general, complementada por pólizas específicas para subcontratistas cuando la criticidad de su obra así lo requiera.
  • Ventajas: mayor claridad sobre la cobertura para la obra en su conjunto y para cada parte involucrada; distribución del riesgo acorde al control efectivo de cada actor.
  • Desafíos: mayor complejidad en la coordinación entre aseguradoras y en la definición de los límites de cobertura entre distintas pólizas y endorsements.

Proyecto con demanda de continuidad de negocio y plazos ajustados

  • Para proyectos donde la continuidad de la actividad es clave, el TRC puede ser parte de una estrategia de gestión de riesgos que incluya copagos, franquicias o extensiones de cobertura para cubrir demoras y costos asociados a paralizaciones.
  • El tomador de la póliza podría ser el promotor, con el asegurado contemplando la obra como conjunto, o bien el contratista general para asegurar una respuesta rápida ante reclamaciones.
  • Ventajas: mayor seguridad para el cronograma y para la inversión total.
  • Desafíos: condiciones más exigentes de prima y mayor precisión en la definición de coberturas y límites.

Ventajas e inconvenientes de centralizar versus descentralizar la contratación

La forma de estructurar la contratación del TRC tiene impactos directos en la gestión de riesgos y en la liquidez del proyecto. A continuación se resumen algunas consideraciones clave.

  • Centralizar la contratación (una póliza única para la obra): facilita la gestión y la coordinación, reduce duplicidades y puede obtener condiciones más competitivas por volumen, especialmente si la obra es grande.
  • Descentralizar (pólizas independientes para promotor, constructor y/o subcontratistas): ofrece mayor control a cada parte sobre su riesgo y primas, y facilita la asignación de responsabilidades en caso de reclamaciones; sin embargo, puede generar solapamientos o vacíos de cobertura si no se coordinan adecuadamente.
  • Una combinación habitual es contar con una póliza principal a nombre del contratista general, complementada por endosos para cubrir intereses del promotor y de subcontratistas cuando corresponda.

Aspectos prácticos al redactar la cláusula TRC en el contrato

La redacción de la cláusula TRC debe ser clara y específica para evitar disputas en reclamaciones. A continuación se presentan aspectos y buenas prácticas a considerar.

Tomador, asegurado y beneficiario

  • Definir claramente quién es el tomador de la póliza (quien paga la prima y firma la póliza) y quién es el asegurado (la entidad que se beneficia de la cobertura de daños a la obra).
  • Determinar el beneficiario de la póliza, que suele ser el promotor y/o el dueño de la obra, para facilitar las reclamaciones y el aseguramiento de la recuperación de costes.
  • Especificar si la póliza debe cubrir riesgos del promotor, del contratista y/o de subcontratistas en la misma póliza o en pólizas separadas con endorsements cruzados.

Alcance de coberturas y exclusiones

  • Definir con precisión qué eventos están cubiertos (incendio, explosión, robo, daños por agua, tormentas, etc.) y cuáles quedan fuera (por ejemplo, defectos de diseño, desgaste, terremoto si no está incluido, etc.).
  • Incluir riesgos añadidos relevantes para la obra: daños por salubridad, caídas de objetos, interrupciones por causas externas, paradas por falta de permisos, etc., si son necesarios para la continuidad de la obra.
  • Definir si la póliza cubre daños a obras de terceros o sólo a la obra en sí. En algunos proyectos, es útil ampliar coberturas para terceros si hay riesgo de daños colaterales.

Límites de cobertura y franquicias

  • Establecer un límite global suficiente para cubrir la totalidad de la obra y un margen para costes indirectos asociados a reclamaciones.
  • Definir la franquicia (deducible) de manera razonable para no desincentivar reclamaciones menores, pero que no convierta la póliza en ineficiente ante pérdidas significativas.
  • Considerar coberturas complementarias para componentes críticos o etapas con mayor riesgo (excavaciones profundas, obras en altura, instalaciones sensibles, etc.).

Subcontratistas y aseguramiento adicional

  • Establecer si los subcontratistas deben contar con TRC propio para sus intervenciones o si la póliza de la obra puede abarcar sus partes de manera extendida.
  • En caso de pólizas múltiples, definir endorsements o cláusulas de coordinación para evitar vacíos de cobertura entre pólizas y para permitir reclamaciones cruzadas cuando corresponda.
  • Definir procesos de coordinación de siniestros entre aseguradoras y partes interesadas para acelerar la resolución de reclamaciones y evitar solapamientos.

Procedimiento de reclamación y gestión de siniestros

  • Establecer un proceso claro para notificar siniestros, con plazos y responsables definidos (por ejemplo, quién informa al asegurador y en cuánto tiempo).
  • Incluir un manual de coordinación entre las partes y un contacto único para la gestión de reclamaciones, para evitar retrasos y confusiones.
  • Definir si se requieren dichas de salvamento o acciones de contención y quién asume los gastos en esas fases de emergencia.

Recomendaciones para una gestión eficiente del TRC

A continuación se proponen prácticas útiles para garantizar una cobertura adecuada y una gestión fluida del TRC a lo largo del proyecto.

  • Realizar un análisis de riesgos inicial para identificar las áreas de mayor exposición y adaptar coberturas a la realidad del terreno, la técnica constructiva y la duración prevista de la obra.
  • Definir roles y responsabilidades en el contrato desde el inicio, especificando quién contrata, quién es asegurado y quién gestiona las reclamaciones.
  • Coordinar coberturas entre las distintas pólizas (principal y endorsos) para evitar vacíos de cobertura y solapamientos innecesarios.
  • Gestionar las primas de forma proactiva, buscando condiciones competitivas sin comprometer coberturas críticas; considerar bonificaciones por medidas de seguridad adicionales o por cumplimiento de estándares.
  • Conservar la trazabilidad documental de todas las pólizas, endosos y comunicaciones con aseguradoras para facilitar reclamaciones y auditorías.

Claves para decidir: preguntas prácticas a responder antes de elegir quién contrata el TRC

Antes de delinear la responsabilidad de contratación, es útil contestar estas preguntas para alinear las cláusulas con la realidad del proyecto.

  • ¿Quién tiene mayor control sobre la ejecución de la obra y, por tanto, expone mayor riesgo de pérdida? ¿Promotor, contratista general o subcontratistas?
  • ¿Qué estructura contractual ofrece mayor claridad para reclamaciones y recuperaciones ante posibles siniestros?
  • ¿Qué nivel de coordinación entre aseguradoras se puede mantener de forma eficiente en el día a día de la obra?
  • ¿Qué requisitos exige el financiador o el promotor respecto a la cobertura TRC y a su gestión?
  • ¿Qué coberturas específicas son críticas para la obra (por ejemplo, daños a instalaciones críticas, interrelación con obras adjuntas, etc.)?

Casos prácticos y notas sobre prácticas habituales en el mercado

A modo de guía, se presentan escenarios comunes que reflejan prácticas habituales en la contratación del TRC, con recomendaciones prácticas para cada caso.

Caso 1: promotor con contrato de construcción llave en mano

  • La póliza TRC suele estar a nombre del contratista general y cubrir la obra completa, con el promotor como beneficiario o como parte del aseguramiento si así se pacta.
  • Ventajas: consistencia de coberturas, respuesta rápida ante siniestros y simplificación administrativa.
  • Recomendación: incluirendorse para garantizar que el promotor y las condiciones de entrega estén cubiertos adecuadamente, y definir claramente el alcance hacia elementos de la obra que superen el contrato original.

Caso 2: estructura con múltiples subcontratistas críticos

  • Se recomienda una póliza principal que cubra la obra en su conjunto, con pólizas secundarias o endorsements para subcontratistas en áreas específicas (instalaciones eléctro-mecánicas, elementos estructurales, techos, etc.).
  • Ventajas: mayor protección para áreas de alto riesgo sin depender de una única parte para la cobertura completa.
  • Recomendación: definir claramente los límites de cada subcontratista y las responsabilidades en caso de reclamación, para evitar vacíos entre pólizas.

Caso 3: proyecto financiado con estructura de colaboración entre promotor y constructor

  • Puede hacerse una póliza conjunta o una póliza principal con acuerdos de co-tomador, asegurado y beneficiario entre las partes.
  • Ventajas: distribución de costos y de riesgos, y mayor alineación entre las expectativas de cada parte.
  • Recomendación: prever cláusulas de revisión de primas ante cambios de alcance y mecanismos de resolución de conflictos en caso de siniestro.

Conclusión operativa: claves para implementar una decisión informada

La decisión sobre quién debe contratar el TRC no es única. Depende de la estructura contractual, la distribución de riesgos y las preferencias de gestión de cada parte. Una opción que suele funcionar bien en proyectos grandes es una póliza centralizada a cargo del contratista general, complementada por endorsements que protejan los intereses del promotor y, cuando sea necesario, cubran a los subcontratistas críticos. La clave es la coordinación: coberturas claras, responsabilidades definidas y un procedimiento de reclamación sencillo y eficiente.

Resumen práctico de buenas prácticas

  • Priorizar claridad contractual: especificar en el contrato quién es tomador, asegurado y beneficiario, y qué coberturas se requieren.
  • Coordinar coberturas: evitar vacíos de cobertura entre pólizas y asegurar que las subcontratistas clave estén cubiertas adecuadamente.
  • Definir límites y franquicias: equilibrar costes con la necesidad de una cobertura amplia frente a eventos de gran magnitud.
  • Establecer procedimientos de reclamación: plazos, responsables y flujo de información entre aseguradoras y partes.
  • Revisar y actualizar: adaptar las coberturas a cambios de alcance, cronograma o finanzas del proyecto durante su ejecución.

En última instancia, la respuesta a la pregunta ¿quién debe contratar el TRC? depende de la estructura de riesgos y de las necesidades de protección de cada proyecto. Con una planificación cuidadosa, la contratación del TRC puede fortalecer la continuidad de la obra, facilitar la gestión de incidencias y contribuir a una ejecución más fluida y rentable para todas las partes involucradas.

Vídeo sobre ¿Quién debe contratar el TRC: promotor, constructor o subcontratista?